lunes, 5 de mayo de 2008

Pepe El Manitas



Pepe El Manitas tiene una planta baja que ha transformado en su taller particular donde repara vehículos a motor propios, de vecinos, amigos y compañeros, y donde pasa sus horas de ocio inventando sus propios artilugios caseros y semiindrustriales.

Lo conocí hace unos días cuando un amigo me llevó a su particular taller para hacerle unos arreglos a mi coche que hacía tiempo necesitaba. Después de observar la cantidad ingente de herramientas, artilugios, despieces varios de maquinaria variada y piezas de diferente procedencia, no me sorprendieron sus conocimientos de mecánica que acompañaba de una actitud amable, sencilla y acogedora, y más conmigo al que no me conocía más que por referencias de conversaciones en su trabajo.

Que no me sorprendieran sus dotes técnicas y manuales no quiere decir que no las valore, y más cuando no dejo de ser uno de esos torpes que saben hacer bien poco con un simple destornillador en la mano, aunque personalmente valoro más, su capacidad para observar la vida desde la experiencia de los años y asumiendo su devenir desde una responsabilidad por los propios actos, que es tan dificil de encontrar hoy en día.

El almuerzo posterior, con el que se pagó la constraprestación mecánica, fue delicioso. Y no solo por lo que injerimos, sino más que nada por su conversación. Conversación repleta de consejos, pero desde el acompañamiento, no desde la imposición. Como un padre que va detrás del niño que está aprendiendo a andar pero que deja que se caiga para que acumule su propia experiencia. Pude escuchar palabras sabias y vivencias sencillas, pero precisamente por eso, cercanas y enriquecedoras que hacen que, días después, aún conserve el gustoso aroma del café con el que sellamos aquella jornada.

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