
Fran es de aquellos amigos que no recuerdas cuando empezaron a serlo. Es una parte más de tu propia intimidad porque prácticamente nada de lo que te alegra o te preocupa adquiere un sentido completo hasta que se lo cuentas y adviertes su reacción. Naturalmente, esa relación es recíproca. Conozco sus problemas y sus aspiraciones en mayor profundidad que las de mis propios hermanos.
Mi amigo tuvo una novia desde muy joven. Se casaron aunque se separaron al poco tiempo. No tuvieron broncas aparentes, ni grandes enfados, simplemente decidieron que la separación era el mejor camino. Fran me ha confesado que no está enamorado de ella, que seguramente tampoco lo estuviera en el momento de casarse y piensa que a ella le ocurre lo mismo. Pero esta situación le ha traumatizado. Mi amigo es católico practicante y comprometido y aun no ha conseguido quitarse del hombro esa cruz que tanto le pesa.
La sociedad en la que vivimos se han normalizado las separaciones, incluso se ha aprobado el conocido como divorcio espres. Separaciones como las de Fran son técnicamente fáciles, rapidas y aparentemente inocuos. Pero para mi amigo no ha sido así. Su educación, sus valores, sus creencias le hacen preguntarse todos los días como y porqué llegó a esa situación que desembocó en la pérdida de un proyecto de vida con el que había soñado desde que se consolidó su noviazgo.
Fran limpia su conciencia de alguna manera dedicando su tiempo libre en un centro de acogida de inmigrantes que ha organizado Caritas en su parroquia. Le resulta gratificante, se siente realizado ayudando a los demás, y cumple con su compromiso cristiano. Darse a los demás le resulta tan sencillo como problemático le resulta aún superar su separación.
0 comentarios:
Publicar un comentario