jueves, 8 de mayo de 2008

Antonio, el quiosquero

Imagen proveniente de la web: kulissza.manna.ro

Conversaciones tengo de muchas condiciones. Amigables, intensas, acaloradas, profundas, de ascensor, cariñosas, ejemplares... y asi podríamos estirar la lista todo lo que quisieramos. Dentro de esta amalgama de dialogos personales existen las miniconversaciones con Antonio el quiosquero. Cada una de estas conversaciones mínimas tienen sentido en sí misma, aunque adquieren un valor añadido si se observan en su conjunto.

Gracias a estas conversaciones por debajo del minuto de duración en su mayoría, he descubierto a una persona que durante la crisis indultrial de la década de los ochenta del pasado siglo, se encontró sin trabajo y con una familia a la que mantener. Mientras muchos de sus compañeros eligieron vivir del subsidio aunque fuera una temporada, él prefirió darle rienda suelta a un inquietud emprendedora, porque un quiosco no deja de ser un negocio empresarial.

Antonio vive la mayor parte del día en el reducido local donde regenta el quiosco, espacio que queda más empequeñecido por las montañas de diarios, revistas, coleccionables, publicaciones y cajas de chucherías que no muy ordenadamente colapsan el exiguo recinto. Antonio superó aquella crisis consumiendo sus horas de vida y por eso en nuestra última miniconversación no se mostró muy preocupado por la situación actual de la llamada desaceleración económica de carácter global. Como me comentó, siempre se sale adelante mejor o peor porque hay que mantener a la familia, aunque en su caso para poder mantenerla y salir adelante, el tiempo que pasa con ellos es tan reducido como su quiosco. En muchas ocasiones pasamos por alto que cosas tan sencillas como vender un períodico o repartir chuches entre los niños encierran sacrificios tan importantes

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