viernes, 11 de julio de 2008

Morir indignamente (II)




Mueren nueve bebés inmigrantes en un cayuco (Público 11/07/08)

En nuestra sociedad occidental muchas personas muestran su preocupación por la inmigración. Unas personas son más receptivas y otras no tanto, pero resulta trágicamente sencillo plantear esta cuestión desde la banalidad o las ideas prefijadas. También es relativamente sencillo tener argumentos autenticamente racistas. Tan sencillo como aparentemente resulta, morir en altamar.

Mientras nuestra sociedad occidental se debate entre la crisis y la recesión, siguen llegando cayucos y pateras a nuestras costas, siguen llegando aviones repletos de visados de turistas cuyo único objetivo es encontrar unas condiciones de vida dignas. No importa que aumente la inflación y el paro, no importa que el crecimiento económico se estanque o incluso sea negativo, la prosperidad alcanzada debe estar a años luz de la realidad que estas personas viven en sus paises de origen.

En este mundo que alardea de su globalización, planteamos la inmigración como un problema local, casi tribal, cuando precisamente si deben existir respuestas globales a las situaciones que nos afectan a todos, esta es una de ellas.

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